¡Otro tequila, amigo!

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“Voy a matarme bebiendo” Es lo que había decidido John Sinclair en aquella taberna de Tijuana, pero algo no salió como esperaba ya que al apurar una última botella de mezcal, ésta se rompió en pedazos y el gusano crecía y crecía sin parar.

Ya se había fagocitado medio cuerpo del gringo, cuando el tabernero comentó, sin apenas inmutarse:

— ¡Cuate, esta vez se le comió el gusano a usted!

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La maldición de Moloch

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De todo el cargamento que había sido excavado en el pecio encontrado en las aguas de la bahía de Cartagena, destacaba el gran número de ánforas fenicias, pero sin duda, la pieza estrella era un busto ciclópeo del oscuro dios Moloch.

Con los restos del antiguo barco hundido se realizó una  exposición en el museo arqueológico subacuático ubicado en la misma ciudad.  Aquel día, todos los presentes se rieron y tomaron por loco al viejo tunecino que les alerto de la terrible profanación que habían cometido. Nadie se tomo en serio las proféticas palabras que antaño también pronunciara cierto erudito de Providence: No está muerto todo lo que yace eternamente…

No habían transcurrido ni diez días desde que se inaugurara la exposición cuando la ciudad se encontraba en estado de histeria colectiva. Cuatro bebés habían desaparecido desde entonces en Cartagena.  El miedo se extendió por las calles, donde circulaban ya los rumores de la maldición de Moloch. Ya nadie se reía de lo que decía el viejo árabe.

Ni se rieron, cuando una semana después, el guarda nocturno  encontrara las cabezas  ensangrentadas de siete bebés  a los pies de la escultura del oscuro dios Moloch, dentro de la vitrina de cristal que pesaba una tonelada.

La Corona del Elefante

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La Corona del Elefante es uno de los diez relatos finalistas en el 1 concurso de relatos “Mundos épicos imaginarios”En breve, conoceremos si es el relato ganador.

Una historía de fantasía heroica protagonizada por Anjali, La mejor y más famosa bailarina de las lejanas estepas del Este, que viajará a la exótica ciudad-estado de Shanzar, la de las mil cúpulas, gobernada con mano de hierro por el visir Khazir a través de sus legión de soldados: Los inquebrantables comandados por el capitán Hakim.  Todos ellos vivirán una increible aventura relacionada con el dios elefante: Chaugnar Faugn…

El Hacedor

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Uno de mis primeros relatos. La soledad, las nuevas tecnologías y la devoción por las marcas comerciales son algunos de los aspectos que trata este relato, basado en hechos verídicos.

 

 

El Hacedor

 

Había leído sobre ello hacía tiempo en una revista de divulgación científica, el abanico de posibilidades era inmenso. Casi podría considerarse un Dios, con la capacidad de crear lo que quisiera. Un Creador, el Hacedor.

Una impresora en 3D al alcance de todos podría cambiar el modo de producción, comercio y consumo en el mundo entero. Todos podrían arreglar y sustituir objetos en vez de comprar nuevos o podrían fabricarse sin necesidad de ir a comprarlos. Las utilidades y funciones de esta nueva maravilla tecnológica eran ilimitadas, pero en su mente ya tenía una idea.

Consultó los catálogos de los precios de estas máquinas y su precio era elevado para su sueldo de mileurista, pero asequible. En menos de un año podría juntar ese dinero sumando ahorros, pagas dobles y reservando una cantidad al mes. Valdría la pena.

Y así se concienció a lo largo de todo ese año en que no hubo viaje de vacaciones ni escapadas ni salidas nocturnas, a las que llamaba raids. Obviamente sus relaciones sociales se limitaron y sus amigos cada vez le vieron menos. Pero ese tiempo de ocio fue invertido de otra manera. Se pasaba horas frente al ordenador en un ejercicio autodidacta de navegar por la red, hasta que lo hizo con una pericia propia del capitán Achab sobre los siete mares. Lo que buscaba no era fácil, no se encontraba dándole en el motor de búsqueda de Google.  Pasaron muchas horas frente a la pantalla plana hasta que logró su objetivo. Finalmente tenía los planos de lo que pensaba crear. Era una pieza clave en su magna obra. Saldría en todos los periódicos, como un genio, un avanzado a su tiempo. Imprimió los planos en alta calidad y observó hasta el último de los detalles con precisión de cada una de las múltiples piezas que formaban aquello. No podría haber error, debía crearlas con precisión quirúrgica. No menos de dos meses estuvo estudiando esos planos hasta que su mente los conociera mejor que su primordial diseñador.

El tiempo pasaba y el dinero se iba acumulando en la cuenta corriente, pero los meses pasaban rápidamente y aún quedaba mucho por hacer. Su vida se centró en ir a trabajar y de vuelta a casa a preparar su gran obra. Ahora venía una parte complicada. Una en la que debía salir y relacionarse. Debía conseguir la parte fungible del artefacto. Las unidades que se consumían. ¿Donde conseguir esas cápsulas de Nespresso? No era fácil, ya que no eran cápsulas de café aunque él así las llamara.

Hizo algunas llamadas a viejos amigos, más bien conocidos, tanteando el terreno, si sabían algo. Por suerte para él, no todos habían cambiado. Los había que aún no se habían casado y habían tenido un crío. Seguían a lo mismo que cuando tenían veinte años. A estas alturas de la vida ya no cambiarían. Él en parte era igual que ellos, pero diferente, él tenía un objetivo, un plan maestro. Unas trazas que le guiarían a la gloria y la inmortalidad. ¿Quien podría parar al Hacedor? En breve sería posible crear cualquier cosa. El destino le preparaba para algo más importante. Su sueño, su visión era algo que lo hacía superior a sus antiguos compañeros y él lo sabía. Comprar aquellas cápsulas le costó un poco más -mucho más- que las que se vendían en la selecta tienda de Nespresso, que estaba situada a lado de la tienda de Apple. Centro neurálgico del esnobismo del consumo. Templos del consumo a la marca. Estas empresas habían logrado crear una religión de devotos fanatizados, sustituyendo al dios barbudo y agonizante en un palo de madera por la última versión de Iphone. Algo que sin duda estaba en las antípodas de lo que se imaginaba que sería el mundo con las impresoras 3D. Las cápsulas de no-café obviamente no las compró ahí, sino acompañado por su amigo en el extrarradio de la ciudad, en un barrio que no había pisado nunca y que no pensaría pisar nunca más si pudiera. El desembolso fue suficientemente grande como para retrasar la compra de la impresora en un par de meses más. No había problema, no había que precipitarse, La Magna Obra debía ser realizada con cuidado y meticulosidad, nada podía dejarse al azar. Es más, cuanto más tardase, más se darían cuenta de la grandiosidad de todo el proyecto. Aunque proyecto no era la palabra que más le convencía, pues cuando uno ha sido tocado por la genialidad y está predestinado a algo tan grande, lo que trabaja no es en un proyecto sino en una misión.

Las arenas del tiempo fluían incesantemente y una buena parte de su Magna Obra estaba realizada. A estas alturas, su vida social era exigua por no decir nula, a excepción del tiempo que tuvo que invertir en buscar aquellas cápsulas de no-café, de las que tenía en gran cantidad. Su mente estaba absorbida las veinticuatro horas en su creación. En el trabajo cumplía con su jornada laboral de ocho horas y punto. Si poco aliciente le encontraba al principio, ahora era nulo. Simplemente era una herramienta necesaria para su Magna Obra. Un engranaje más en todo este proyecto.

La llegada del periodo vacacional supuso un estado de excitación y euforia que ni diez cafés Nespresso juntos. Ahora tenía las veinticuatro horas del día en exclusiva para avanzar. Lo primero que hizo fue bajarse el manual de instrucciones de la máquina que iba a comprarse.  Así ya sabría como funcionaría una vez la tuviera en sus manos. Era tanto el ansia por disponer de ella que le puso un nombre a su futura impresora 3D: Eva. Pues como la primera mujer en la mitología judeocristiana, su impresora pariría los objetos que él, El Hacedor, deseara.

Mientras, millones de personas se achicharraban bajo el sol en ardientes playas de molesta arena y otros tantos recorrían las calles de ciudades extrañas, El Hacedor encerrado en su casa estudiaba hasta el último detalle de como funcionaba Eva. Le hizo gracia que esta mujer si llevara manual de instrucciones. En el pasado recordaba haber realizado esa broma con sus amigos. De eso ya hacía tiempo, ya no se acordaba mucho de ellos, pero, ¿quien los necesitaba? Aprovechó también para ver tutoriales en Youtube sobre el uso, manejo y trucos de impresoras 3D. Le maravillaba que él fuera uno de los primeros en usar esa tecnología, pero claro está, no iba a ser tan fácil de usar como la Hewlett Packard que tenía a la izquierda de su ordenador. En todo caso algo tan ambicioso requería de un esfuerzo y un sacrificio. Que aumentarían el valor y reconocimiento de su obra, o acaso ¿no había estado Dios siete días y siete noches para crear el mundo? No pain no gain que decían los culturistas.

Cuando los treinta días naturales de periodo vacacional habían sido disfrutados, tal y como decía el estatuto general de los trabajadores, ya se sabía todo en cuanto a Eva y el uso de las impresoras 3D. Tenía los planos de su artefacto, las cápsulas de no-café y ahora solo faltaba estudiar donde y cuando realizaría la presentación de la Magna Obra.

Numerosas fueron las tardes estudiando el lugar, imprimiendo mapas de la zona, calculando el aforo y quorum de los espacios, apuntando horarios. Al igual que con anteriores estudios, todo lo hizo al detalle y al milímetro. En menos de un mes tenía el plan listo para ser ejecutado. Le hizo gracia pensar en esa última palabra.

Las hojas de los árboles empezaron a caer cuando por fin había reunido el dinero suficiente. Eva estaba ya de camino tras realizar la interacción económica por ordenador.  En pocos días un trabajador de FEDex picaba a su puerta entregándole un voluminoso bulto. La piedra angular del plan maestro. Y no fue casualidad, sino una coincidencia. Una señal del destino lo que vio en el periódico on-line. La fecha en la que iba a presentarse ante el mundo como El Hacedor. Iba a ser una presentación a nivel mundial de forma simultánea. Ni en sus mejores sueños podría habérselo imaginado. Los Hados estaban de su lado.

Empezó a trabajar de forma permanente en ello. Dejó el trabajo y no se debía de preocupar por el dinero. El finiquito y el paro le sobraban para pasar tres años sin necesidad de trabajar. Él no necesitaba tanto, Solo necesitaba cuarenta días.  Su relación con Eva era febril e intensa, la puso a trabajar de inmediato. Su aprendizaje teórico previo le sirvió para que rápidamente aprendiera el uso práctico de su impresora 3D. Poco a poco las piezas de plástico fueron creándose tal y como estaban en los planos. Por fin había llegado el momento de sentirse un dios. ¡El Creador, el Hacedor! En poco más de una semana estaba ensamblando las piezas del artefacto, mejor dicho de los cuatro artefactos, había realizado las piezas por cuatro. Y ahí encima de la mesa, más de un año después estaba el sueño que se le había formado en su mente tras haber leído aquel artículo en una revista científica.

Los gritos y lloros se oían por todo el centro de la ciudad. El caos y el miedo fluían ante la multitud que ahí se había congregado y que ahora se dispersaba confusa intentando alejarse y esconderse del peligro mortal al que estaban expuestos. Charcos de sangre inundaban las aceras y calles y los cuerpos de varias personas yacían muertos o malheridos dejando un dantesco escenario. Al poco se escucharon las sirenas de ambulancias y posiblemente de la policía, pero entre medio algún sonido seco y fuerte que retumbaba por la ciudad aumentando el pánico y la histeria colectiva. Ante cada nuevo disparo, la masa de gente corría asustada intentando salvar su vida, algunos no lo conseguían y caían al pavimento fulminados o malheridos por un cápsula de no-café de plomo.

Para cuando un grupo de policías acabó con el psicópata armado con no menos de una docena de balas en su cuerpo, el número de víctimas se elevaba a seis muertos y nueve heridos graves. La policía se quedó perpleja al examinar el arma, más bien las cuatro armas, del asesino en masa. Eran réplicas exactas de la Colt Commander MKIV hechas en plástico, estando tres de ellas fundidas, probablemente del desgaste.

La prensa no lo llamó El Hacedor sino el asesino de la impresora 3D y la Magna Obra fue sustituida por la Matanza del Iphone 9, ya que había ocurrido el día en que se ponía a la venta de forma simultanea y globalmente dicho gadget, y los seguidores devotos habían concurrido de forma masiva a las tiendas Apple a hacer cola desde hacía días para tener uno de los primeros terminales.

El sendero de los Dioses

 

En el concurso Moleskin  este relato ha quedado como uno de los quince ganadores de entre más de doscientos relatos enviados. Séptimo lugar. no está mal.

https://vagamundosmoleskin.wordpress.com/2016/07/30/fallo-xi-concurso-de-relatos-y-microrrelatos-de-viaje-moleskin-2016/

Un genial relato de aventuras y alpinismo en el techo del mundo que podeis leer en el siguiente enlace:

https://vagamundosmoleskin.wordpress.com/?s=el+sendero+de+los+dioses

 

 

 

 

Misterio en la Perla del Mediterráneo

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Una fantástica historia de trepidante acción y aventuras en la Ceuta de la 2ª República en la que se mezclarán nazis, espionaje y antigüedades con poderes sobrenaturales.

Este relato fue el ganador del XX certamen de narrativa breve “Habla de mí” (2015)

Misterio en la Perla del Mediterráneo 

 

 

Virando costas ao mundo
Orgulhosamente sós
Glória antiga, volta a nós!

Alma mater!

Moonspell – Alma Mater

 

Verano de 1934

Ceuta

 

El barco de vapor entraba en la bahía de la considerada, perla del Mediterráneo. En cubierta, una pareja de hombres elegantemente vestidos, se encontraban apoyados en la barandilla observando la ciudad que se les presentaba delante. Absorbidos por la belleza de las siete colinas, no eran conscientes de lo que esa ciudad les iba a marcar para el resto de sus vidas.

 

Tras la maniobra de atraque, los pasajeros fueron desembarcando en el muelle, y entre ellos nuestros dos protagonistas. Uno era un hombre de mediana edad, de estatura media, con pelo corto cano y portaba unas gafas con lentes redondas. El otro, alto, fornido, rubio y rapado a la altura de las orejas. Su apariencia nórdica los delataba como extranjeros sin lugar a dudas.

 

Su llegada al puerto no había pasado desapercibida, como mínimo, la comunidad árabe, judía y el gobierno local ya tenían constancia de su llegada, y eso que apenas estuvieron cinco minutos en el puerto, ya que rápidamente cogieron un taxi que los llevó al centro de la ciudad a un elegante hotel de manufactura modernista, estilo que había tenido gran arraigo en la arquitectura ceutí a principios de siglo.

 

Inscritos como T.S Johannes y Wilhem Scott en el registro del hotel, procedieron a ocupar sus habitaciones. Empezaron a deshacer el equipaje. La mayor parte de sus pertenencias era ropa y artículos de aseo personal, pero destacaba un par de portafolios cuya portada aparecía un águila y algunas palabras en alemán. De la maleta también salieron un par de pistolas Luger.

 

Wilhem, que era el joven, fue al lavabo a ducharse mientras, Johannes abrió el portafolios y empezó a leer unos artículos sobre un artefacto histórico, más concretamente de época medieval. Cuando Wilhem salió de la ducha, Johannes seguía sentado estudiando los papeles del portafolio. En ese momento, alguien picó a la puerta y una voz al otro lado de la puerta llamo a Johannes. Éste indicó a Wilhem que ocultara los papeles y las armas de fuego. Johannes abrió la puerta y se encontró con un botones, quien tenía un mensaje para los dos forasteros. Al parecer el alcalde había venido directamente al hotel a recibirlos.

 

El encuentro, informal, entre los dos extranjeros y el alcalde se dio en el piano bar, ricamente decorado en estilo árabe.  Tras las debidas presentaciones, el alcalde intentó sonsacarles algo.

 

– Es un honor, doctor Johannes, para la ciudad y para mí mismo, tenerles en esta ciudad. Fui informado desde Madrid de su llegada y que pusiera a su disposición de todas las facilidades que fueran necesarias.

 

Johannes, con un castellano muy marcado le respondió:

 

-El honor es nuestro señor Gonyalons, procuraremos no interferir mucho en sus asuntos diarios, pero estaríamos interesados en realizar una visita a los archivos municipales y una visita a su consistorio si fuera posible.

 

El alcalde abrumado por el interés municipal se mostró encantado de hacer una visita guiada al ayuntamiento esa misma tarde, del que tendrían las puertas completamente abiertas.

 

-Aún así me gustaría saber ¿que es lo que les ha hecho venir, desde tan lejos a nuestra humilde ciudad?

 

– Nuestro gobierno, está muy interesado en el origen de la conquista cristiana del Norte de África- Mintió Johannes.

 

El encuentro no oficial entre los dos extranjeros y el alcalde no se alargó mucho más. Gonyalons debía volver al consistorio, esa misma mañana, habían detenido a varios políticos de izquierdas, por orden suya, y debía volver al consistorio, no sin antes, citarles a las cuatro de la tarde en el mismo ayuntamiento.

 

Los extranjeros, se quedaron en el piano bar, pidieron una copa de vino y brindaron por como se estaban desarrollando los acontecimientos. Mucho mejor de lo que se podían haber imaginado.

 

Comieron en el mismo restaurante del hotel, pudiendo saborear un buen filete de atún rojo regado con un vino tinto de la península. Subieron un momento a la habitación solo para coger sus pistolas luger, para posteriormente dirigirse a pie hasta el ayuntamiento. Por el camino se quedaron fascinados por la bella arquitectura modernista de la ciudad, sin duda el apelativo de perla del Mediterráneo era del todo acertado.

 

José Victori Gonyalons, alcalde de Ceuta, les recibió de forma efusiva y presentándoles a los concejales de su partido, la CEDA. Con cierta alegría les informó que el resto de concejales de otros partidos, básicamente de izquierdas, había sido detenidos esa misma mañana. Los dos extranjeros, participaron de la alegría del alcalde, más por deferencia que por un verdadero interés en la política local. Como miembros y delegados del partido nacionalsocialista alemán sus ideas políticas eran afines con las del alcalde y su partido, pero su objetivo en la ciudad iba más allá de la política.

 

El alcalde junto a un par de concejales hicieron de guías de los dos alemanes por todo el consistorio, narrándole numerosos episodios históricos de la ciudad, la gran mayoría de ellos de tipo bélico.  Desde la reciente guerra del Rif, a numerosos asedios por parte del sultán de Marruecos, o de los ingleses en 1704… La ciudad  tenía más que merecido el lema de Siempre Noble, Leal y fidelísima Ciudad de Ceuta.

 

En el despacho del alcalde se entretuvieron más tiempo. Un gran tapiz ilustraba la toma de Ceuta por el rey portugués Enrique el Navegante en 1415. Básicamente era una copia de unos azulejos situado en Oporto. Johannes se mostró interesado en este episodio concreto y el alcalde encantado, le explicó detalladamente los hechos acaecidos un 21 de agosto cinco siglos atrás y de como el rey Enrique junto a sus hijos ganaron la plaza para su reino y para la Cristiandad. A todo ello, el alcalde le mostró el Aleo. Una vara o palo, que había pasado de mano en mano a todos los capitanes de la plaza de Ceuta, desde Pedro Meneses. Primer conde de Vila-Real y primer Capitán de Ceuta.        Según cuentan, Meneses le prometió al rey Enrique que con ese Aleo no necesitaba de nadie más para defender la ciudad. Y desde entonces la ciudad de Ceuta nunca ha sido vencida ni derrotada. El propio alcalde le daba el poder de un artefacto mágico, milagroso. Como si de verdad el Aleo fuera un amuleto protector para la ciudad. Los alemanes se mostraron muy interesados por todo este episodio histórico e incluso dieron credibilidad al sagrado Aleo, en manos de Johannes en esos momentos, pues el alcalde se lo había dejado sostener.

 

En ese momento, un guardia civil, abre la puerta y requiere del alcalde. Al parecer una multitud de radicales izquierdistas se encuentran en el ayuntamiento manifestándose por las arbitrarias detenciones de los concejales presos. Gonyalons pide disculpas a los alemanes y les dice que paseen por el piso superior del ayuntamiento, que a la mayor brevedad volverá para atenderles adecuadamente.

 

Afuera, una multitud enervada, realiza proclamas contra el alcalde y la CEDA. Los gritos e insultos se prodigan. El ambiente está tenso. El alcalde hace un amago para calmar los ánimos ante la gente congregada, pero un botella de gaseosa rota en la fachada del ayuntamiento hace que Gonyalons se retire a dentro del edificio, mientras solicita que llamen por teléfono a la Guardia Civil para reprimir a los manifestantes.

 

Mientras tanto, en el piso superior, los dos alemanes no dan crédito de la suerte que tienen. Como miembros de la Ahnenerbe, y oficiales al mando del Reichsführer Heinrich Himmler, su misión en Ceuta consiste en verificar qué de poderoso era el famoso Aleo y obtenerlo, de forma oficial u oficiosa. Pero él mismo alcalde se lo ha dejado en sus manos y los ha dejado solos. Durante unos minutos dudan si devolverlo y con más calma intentar conseguirlo comprándolo o al menos que lo cedan para su estudio, pero el tiempo pasa y el alcalde no vuelve. Afuera, la manifestación parece que se convierte en un enfrentamiento violento entre manifestantes y las fuerzas de la ley. La ocasión es perfecta.

 

Los dos alemanes deciden encontrar una salida trasera sin que nadie les observe. Bajan al primer piso y al fondo ven a varios funcionarios y concejales ir de aquí y para allá nerviosos, no les prestan mucha atención. Afuera se oyen disparos. Tras recorrer un par de salas ven una ventana que da a una calle trasera. La abren y saltan a la vía pública. Nadie les ha visto. Van en dirección contraria a la manifestación, recorren media calle cuando un destacamento de la guardia civil, armas en ristre, se aproximan a ellos. Dan marcha atrás y se internan en una estrecha calle que sube hacia una de las siete colinas de la ciudad.

 

Atrás dejan los ruidos ocasionados por la pólvora. Cada vez ven menos gente por las calles, zigzaguean evitando manifestantes y policías. Hablan con el camarero para que les indique como llegar al hotel. Al cabo de un par de horas, abandonan el bar y deciden hacer una incursión para conseguir llegar al hotel. Parece que la violencia ha cesado en las calles. No lo saben, pero esa va a ser una noche larga.

 

De camino al hotel, los dos alemanes notan que al menos dos personas los siguen. No tienen buena pinta. Su apariencia forastera los hace perfectos para ser victimas de un atraco. Scott se pone alerta y se lleva la mano hacia dentro de la americana. Tiene el tiempo justo para desenfundar su Luger, darse la vuelta y apretar el gatilllo por dos veces. A poco más de un palmo el hombre cae como un bulto pesado sobre el suelo adoquinado creando un riachuelo de sangre carmesí. El otro perseguidor corre en dirección contraria, cual alma lleva el diablo.

 

Con un fiambre a sus pies, Johannes y Scott deciden caminar de forma presta. Al poco consiguen llegar al hotel. Recogen su equipaje y pagan la cuenta. El recepcionista les aconseja que se queden, pero no los convence. Si ya no lo han hecho, en breve alguien se percatará de la ausencia del Aleo y obviamente pensarán en ellos. Así que ponen rumbo al puerto y subir al primer vapor que puedan, pagando lo que sea.

 

No les fue difícil llegar al puerto, solamente tuvieron que evitar un par de probables embarazosos encuentros con la Guardia Civil. Una vez en los muelles, pocos son los barcos con la pasarela echada y con tripulación con la que hablar. Por fortuna, un carguero alemán se encuentra ahí amarrado y hablan con uno de los marineros por si fuera posible embarcarse.

 

Mientras los compatriotas hablan sobre ello, los disturbios se trasladan al puerto y en pocos minutos, se forma una batalla campal entre manifestantes de izquierdas y las fuerzas del orden público. No hay tregua entre ambos bandos, la brutalidad y el salvajismo actúan por igual. Las armas de fuego empiezan a centellear y relampaguear.

 

El marinero hace subir al barco a los dos alemanes de la Ahnenerbe, pero a medio camino, Scott recibe un impacto en la espalda, cayendo al mar, y con él el Aleo. Johannes quien no sabe nadar tira al agua al marinero y le increpa a que coja el palo, pero no es posible, el pobre marinero tampoco sabía nadar y se ahoga en las aguas de la bahía.

 

Iracundo e impotente, Johannes se agarra un cabo y haciendo firme un chicote al barco se agarra al otro y salta al mar. El agua está fría, pero no importa, consigue aferrar el Aleo y empieza a trepar por el cabo, pero para su desgracia, su miserable acto de cobardía no había pasado desapercibido por otros tripulantes del barco, quienes deciden cortar el cabo. Johannes cae al mar y patalea como un niño. Al poco empieza a entrarle agua por la boca y sus vías aéreas quedan ahogadas. Se sumerge rápidamente en la bahía.

 

 

A la mañana siguiente, en el periódico local El Faro, La mayor parte de las noticias se centran en los disturbios de la noche anterior y en el encarcelamiento de los concejales. Así que casi nadie se percató de la breve noticia sobre dos alemanes que fueron hallados muertos en la bahía del puerto. Nadie mencionó la breve desaparición del Aleo ni quien lo devolvió al consistorio. Tampoco nadie pudo relacionar la coincidencia que cuando el palo volvió al ayuntamiento regresó la paz a la perla del Mediterráneo.