La maldición de Moloch

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De todo el cargamento que había sido excavado en el pecio encontrado en las aguas de la bahía de Cartagena, destacaba el gran número de ánforas fenicias, pero sin duda, la pieza estrella era un busto ciclópeo del oscuro dios Moloch.

Con los restos del antiguo barco hundido se realizó una  exposición en el museo arqueológico subacuático ubicado en la misma ciudad.  Aquel día, todos los presentes se rieron y tomaron por loco al viejo tunecino que les alerto de la terrible profanación que habían cometido. Nadie se tomo en serio las proféticas palabras que antaño también pronunciara cierto erudito de Providence: No está muerto todo lo que yace eternamente…

No habían transcurrido ni diez días desde que se inaugurara la exposición cuando la ciudad se encontraba en estado de histeria colectiva. Cuatro bebés habían desaparecido desde entonces en Cartagena.  El miedo se extendió por las calles, donde circulaban ya los rumores de la maldición de Moloch. Ya nadie se reía de lo que decía el viejo árabe.

Ni se rieron, cuando una semana después, el guarda nocturno  encontrara las cabezas  ensangrentadas de siete bebés  a los pies de la escultura del oscuro dios Moloch, dentro de la vitrina de cristal que pesaba una tonelada.

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