El camping de tu vida

camping de tu vida

 

Ahora toca un micrrorelato que se escapa de las temáticas de pura evasión para centrarnos en el costumbrismos o en el realismo. Una caravana junto a la playa, ¡Que bonitas vacaciones!

Con este relato se ha ganado una botella de sangría de la marca Yzaguirre. está claro que no fue ni el primer ni el segundo ganador, pero, me la voy a beber igual de contento

 

El camping de tu vida

Bajo el tapiz de las estrellas, la familia se encontraba cenando alrededor de una mesa de camping iluminada por una lámpara de gas. Aquella noche en la gastronomía doméstica tocaba macarrones y lo que sobraba del mediodía de la tortilla de patatas que Ana había hecho. Sus hijos, Juan e Inés devoraban su comida y rebañaban con el pan dejando los platos bien limpios. Mientras, Francisco, bebía lentamente un vaso de agua, lamentándose que no hubiera vino para regar su paladar acompañado de aquellos repetitivos macarrones.

Los niños ya se encontraban dentro de la roulot jugando cuando su madre los envió a hacer sus deberes. No había que dejar de lado la formación y educación de los chavales, le decía Ana a su marido.

– Es una lastima que no haya vino para cenar- le respondió Francisco.

Sabiendo de lo mucho que le gustaba cenar con vino, Ana le prometió que al día siguiente compraría vino. Él le dijo que no hacía falta.

A orillas del Mediterráneo, acampados con su roulot, la pareja se cogió de la mano mirando el cielo estrellado. Ese era uno de esos momentos mágicos, especiales, de esos que le dan sentido a la vida. Mañana será otro día. La lámpara de gas se empequeñeció hasta que la oscuridad reinó en aquel pinar.

El sol estaba en lo alto para cuando Francisco se despertó. No había nadie más en la roulot. Salió afuera, se preparó un café soluble y se sentó en la silla de camping de tela azul. La verdad es que bajo la sombra del pino, se encontraba muy a gusto y decidió pasar una mañana contemplativa sentado mirando el azul del mar.

Poco antes de la hora de comer, Ana y sus dos hijos regresaban de la playa, todos bien contentos, en esa época de septiembre aún se podía disfrutar del agua del mar y de un buen baño de sol.

Para comer, tocaba otra vez macarrones, pero esta vez había vino para que supieran mejor. Aquella sería una buena y relajada tarde. Mañana ya vendrá.

Para la familia Martínez, aquellas podían haber sido unas relajadas vacaciones en un camping en cualquier rincón de nuestras costas. Por desgracia no estaban de vacaciones. Víctimas de esta crisis interminable, todo lo que les quedaba era esa vieja roulot y ya no volverían nunca más a su casa, que ahora es del banco.

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