felipe II

Ya no hacen reyes como los de antes

Este es el título del microrrelato de historia que ha quedado finalista en el concurso “Francisco Gijón” y que ha sido publicado en la antología pertinente que se puede obtener a través de Amazon a través del siguiente enlace:

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Un breve relato ambientado en los últimos años del reinado de Felipe II visto desde la óptica de padre y del legado que dejaba. No exento de humor.

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La matanza de los hermanos

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Feanor y Fingolfin

Esta es una historia ambientada en el mundo fantástico de J.R.R.Tolkien. Más concretamente amplía uno de los terribles episodios ocurridos en la primera edad; la masacre de los elfos Teleri, por parte de sus hermanos los Noldor, poco después de la muerte del primer gran rey elfo Finwë, el oscurecimiento de Valinor y el robo de los Silmarils.

El relato participó en la presente edición del certamen literario “Gandalf” organizado por la Sociedad Tolkien en España.

Aquí os dejo con las aventuras de los elfos Teleri de Ilwien y Sindriel:

 

La Matanza de los hermanos
1. El fatídico juramento.

A los pies de la colosal estatua de mármol blanco del gran rey Finwë, se encontraba su hijo mayor, Fëanor, el hacedor de los Silmarils, vestido con su armadura de combate hecha de Mithril complementada con su larga capa azul. Cegado por la ira y el dolor, pronunciaba un terrible discurso contra los Valar y Melkor, quien acababa de robar los Silmarils y de asesinar a su padre, supremo y primer rey de los elfos Noldor, al que desde entonces lo llamaría Morgoth, como también harían el resto de los eldar. Muchas eran las duras y vengativas palabras que salían de la poderosa voz de Fëanor que eran escuchadas por una multitud que llenaba la plaza del palacio de Finwë, la contigua plaza del primer arbol blanco y la torre de Finwë, como las escaleras de cristal que subían la colina de Tuna. Podría decirse que todo Tirion estaba en la calle escuchando al hijo mayor del rey asesinado.

Fëanor, a pesar de estar desterrado por amenazar a su hermano Fingolfin, había vuelto a Tirion y nadie le había detenido. Ahora, ahí junto a sus hermanos e hijos y el resto de su pueblo reclamó su derecho a ser el nuevo rey de los Noldor. No solo eso, desenvainó su espada y la alzó al cielo donde realizó un terrible juramento, al que se le juntaron siete espadas más, las de Maedhros, Maglor, Celegorn, Caranthir, Curufin, Amros y Amras. Sus hijos. Las ocho espadas brillaron como la sangre a la luz de las antorchas. Y así la promesa de venganza sobre aquel que mancillara los silmarils había sido promulgada.

El hacedor de los Silmarils no solo quería ir en busca de las joyas y acabar con el regicida, había decidido que era hora de abandonar Arda y regresar a la Tierra Media, pues los Valar no podían protegerlos. Ahora serían dueños de su propio destino. Aunque la mayoría de los Eldar fueron convencidos por las palabras de Fëanor, no todos querían abandonar la bella Tirion, la de los balcones blancos. Quienes más estaban en su contra fueron sus hermanos Fingolfin y Finarfin, pero obligados en parte, no tuvieron más opción que claudicar.

Al poco, la gran mayoría de los Noldor, abandonaría la verde colina de Tuna donde se situaba Tirion y nunca más sus rostros serían iluminados por la luz de Mindon Eldalieva. Aquí comienza la huida de los Noldor, tras el robo de los silmarils, el asesinato del rey Finwë y el juramento de Fëanor y es aquí donde quedó sellado para el fin de los tiempos el destino de los elfos Noldor y sin ellos saberlo, el de los elfos Teleri, para su infortunio.
2. El bosque de cerezos

En los bosques cercanos a Alqualönde, en la bahía de Eldamar, se agrupaban un grupo de elfos que tañían sus arpas, recitandos versos de bellas canciones a la par que tristes. Las melodías de estos calaquendi eran de una belleza tal que dificilmente podrían ser superadas, no en vano, eran recitadas por elfos Teleri, considerados los mayores y mejores músicos. Los Teleri, también sobresalían en cuanto al resto por su amor al mar y eran considerados grandes navegantes. Éstos, junto a los Noldor y los Vanyar eran los elfos llamados Calaquendi, es decir, que habían realizado el gran peregrinaje a Aman solicitado por los Valar.

Pero en aquel bosque de cerezos cerca de las olas del mar, unos alegres y despreocupados elfos Teleri tañen sus arpas mientras otros beben hidromiel o comen frutos del bosque tales como bayas, fresas silvestres o moras. Entre ellos, destacan las canciones de Ilwyen, Almirante de la flota Teleri, pues todos consideran que de entre todos, sus canciones son las más tristes y melancólicas. Numerosos son los aplausos y vítores que recibe tras finalizar la última nota de su composición más famosa, Nan Mandolen Elgarandroth, La dramatica historia de un elfo llamado Elgaran que navegó por todos los mares durante incontables años en busca de su amada raptada. Tras muchas penurias e infortunios llegó a la tierra donde su captor la tenía presa, pero era demasiado tarde pues la había mandado matar. A pesar que Elgaran se vengara matando a su captor, su dolor era tan grande por la muerte de su amada, que se lanzó al vacío desde los acantilados que daban al mar, desde entonces se llaman los riscos del dolor. Si alguna vez navegas cerca de ahí y oyes unos gritos de lamento, no es el eco sino los gritos de dolor de Elgaran que se repiten una y otra vez para que nadie nunca olvide su triste historia.

Junto a Ilwyen, se hallaba la bella Sindriel, cuyo ondulado pelo rubio simulaba el oleaje del mar. Andaroth y Dal Galdren, ambos hermanos y capitanes cada uno de un barco-cisne completaban el grupo. No sabían que lo que el destino les tenía deparado era de una tristeza mayor que el de las canciones que en ese momento cantaban y que fueron interrumpidas al escuchar el sonido de unos cascos de caballo que venían de tierra adentro. Los cuatro Teleri dejaron lo que estaban haciendo y atentos al ruido, oteando con aguda visión vieron a varios jinetes vestidos con armaduras y estandartes azules que reconocieron como el del hijo del rey Finwë, Fëanor.

– Saludos, ¡oh nobles Noldor! estandartes del hijo del gran rey Finwë, querido por todos nosotros ¡que la paz sea con vosotros! – así se presentó Ilwyen a los guerreros Noldor de quien nada tenía que temer, pues en aquella época todos se consideraban hermanos y no se había derramado sangre alguna, pues no tenía constancia del asesinato de Finwë por Morgoth.

– Saludos ¡oh hermanos Teleri! Que la paz sea con vosotros, aunque no creo que estos sean buenos tiempos para ella. Y has de saber que Fëanor es ahora el rey de todos los Noldor.

Los cuatro elfos Teleri se encontraban algo desconcertados por las palabras dichas por el emisario Noldor, quien volvió a tomar la palabra:

– Nuestro amado rey Finwë ha sido asesinado por Melkor, al que ahora es llamado Morgoth y ha huido robando los silmarils. Fëanor, ahora nuestro rey, ha jurado recuperarlas y conduce nuestro pueblo en su búsqueda y en nuestro retorno a la Tierra Media. Abandonamos Aman. Para ello mi rey desea ser recibido por vuestro gran rey Olwë de Alqualondë, Señor de todos los Teleri de Aman.

Las palabras del Noldo sonaban con serenidad y educación pero con firmeza y con cierto punto de exigencia, que no gustó a ninguno de los Teleri, pero no dudaron en acompañar al heraldo al palacio de las perlas, morada del rey Olwë. Justo cuando abandonaban el bosque de cerezos divisaron a lo lejos una gran mancha que se formaba en el horizonte proveniente del Oeste, aguzando la vista vieron que la mancha era el pueblo de los Noldor que marchaban hacia Alqualondë y a la cabeza de todos ellos estaba Fëanor, espíritu de fuego, con su armadura de Mithril y su capa azul, con rostro firme y decidido. No sería la primera vez que Ilwyen cruzaría su mirada con la del gran rey Noldor, pero esta iba a ser la última vez que le iba a causar tanto respeto e incluso miedo.

Ya nunca volverían a cantar aquellas bellas y tristes canciones bajo aquel manto de flores rojas entre los cerezos.
3. Choque de reyes.

Olwë rey de los Teleri, se hallaba sentado en su imponente trono de coral rojo y junto a él su esposa y su corte. Ilwyen se encontraba justo detrás del trono, como señal de proximidad y confianza de su majestad, quedando así patente el amor y lealtad que le profesaba.

– No es necesario que te arrodilles. ¡Oh! Fëanor, hijo de Finwë, rey de los Noldor.- exclamó Olwë mientras se alzaba del rojo trono y se acercaba al invitado y le ofrecía las dos manos para que se incorporara.

– En Alqualondë sois y seréis siempre bien recibidos, ninguno de nuestros hermanos ha de hincar su rodilla en el palacio de las perlas- continuó hablando el monarca Teleri a Fëanor, quienes se encontraban ambos de pie cara a cara.

– Gracias, gran rey Olwë, famoso eres por tu magnanimidad y generosidad entre todos los eldar, por eso hemos venido a ti en esta hora aciaga.

– Has de saber, Fëanor, que mi almirante Ilwyen me ha informado de las terribles nuevas que traéis. Nuestro es también el dolor, por la sangre derramada de tu padre, Primero y supremo rey de los Noldor, a manos de Morgoth y del robo de los silmarils.

– Morgoth! Habéis pronunciado el nombre del causante de todas las aflicciones de mi pueblo, un pueblo con el corazón herido pero lleno de orgullo y arrojo, y es por ello que marchamos todos juntos en busca de Morgoth, para recuperar nuestro tesoro y vengar la muerte del que fuera el padre de todos nosotros. Este es el motivo por el que en la jornada de hoy solicitamos de tu ayuda y apoyo, ¡oh gran rey Olwë!

– Tristes son las palabras que llegan hoy al palacio de las perlas y compartimos tu dolor como si fuera el nuestro. Dime en que podemos ayudar al rey Fëanor y al pueblo Noldor.

– Morgoth ha huído a la Tierra Media y vamos en su búsqueda, aparte abandonamos Aman, pues los Valar no pueden protegernos y actúan igual que él mismo Morgoth. Es por ello que te solicitamos tu flota. Tus barcos-cisne para que mi pueblo pueda atravesar el océano y se instale en la Tierra Media.

Tras el ruego de Fëanor, pareció que el tiempo se paraba. Un silencio recorrió la sala del trono en el palacio de las perlas. El Noldor empezó a impacientarse, como el resto de su pueblo, cuyas miradas se tensaron por momentos. Por otro lado, la estupefacción e indignación crecía en las mentes Teleri, tensándose a su vez los rostros de estos. De todos los ocupantes de la gran sala solo Olwë mantenía su serenidad en el rostro y fue quien primero habló.

– Mucho es lo que pides, Fëanor hacedor de los Silmarils y al igual que ellas son el bien más preciado para tu pueblo, para el nuestro son los barcos-cisne. Si yo te diera nuestros navíos nada tendríamos y la tristeza y dolor que llegaría a nuestro pueblo sería inmensa. No puedes privarnos de nuestros barcos, gran rey Noldor- así le respondió Olwë a Fëanor con la mayor de la dulzura que jamás se había oído.

– Egoístas son las palabras que oigo, rey de los Teleri. Hemos venido en esta hora oscura a pedirte nuestro auxilio, pues somos hermanos, y debemos ayudarnos y me encuentro con tu negativa a socorrer al pueblo Noldor. Actúas como los Valar que mucho nos han prometido y solo dolor y la muerte de nuestro amado padre nos han traído. Recapacita tu postura si en algo te consideras un gran rey entre los Eldar.- Así de furiosas y directas eran las palabras de Fëanor quien avanzaba hacia Olwë exigiéndole con el brazo en alto.

– Mi decisión ya ha sido tomada y no, es la respuesta que te doy. Los barcos-cisne son nuestros y no os los daremos. Nuestra tampoco es la disputa contra los Valar y Morgoth. Te deseamos la mejor de las suertes en tu búsqueda, al que si me permites aconsejarte creo que es una hazaña alocada la que pretendéis tu y tu pueblo y solo os traerá dolor y penurias- tal fue la respuesta del rey Teleri quien se sentó de nuevo en su trono con porte firme y serio.

– Olwë, rey de los Teleri, mucho os ayudamos cuando llegasteis los últimos a esta supuesta tierra bendecida, pues nada teníais y mucho os dimos los de mi pueblo y esa es la gratitud que nos demuestras, si bien no es asunto vuestro nuestra disputa contra Morgoth, en nada nos ayudáis y nada nos agradecéis por la ayuda pasada. Si no nos has de ayudar, rey de los Teleri, nada más hemos de decirnos.
Con estas palabras le dio la espalda, Fëanor hacedor de los silmarils, a Olwë de Alqualondë, rey de los elfos Teleri. Acompañado de su comitiva abandonaron la ciudad llenos de odio y rabia.
4. El ataque a Alqualondë.

Las flechas surcaban el cielo buscando la carne Noldor para clavarse en lo más hondo de su piel. Los guerreros y marinos Teleri vaciaban sus carcaj intentando contener la marea de elfos Noldor que intentaban apresar sus amados navíos. Puerto-Cisne se había convertido en un escenario de sangre y violencia donde los hermanos se enfrentaban a vida o muerte.

Ilwyen junto a sus compañeros habían conseguido rechazar una oleada de elfos Noldor que intentaban llegar a sus barcos, pero una dársena más al sur, Fëanor y sus hijos habían conseguido subir a los barcos-cisne y pasaban a degüello a su tripulación. El frío acero cortaba cuellos, brazos y todo lo que se les pusiera por delante, el arrojo y la furia de los Noldor era como un torbellino de fuego que todo lo arrasaba.
Fëanor había vuelto a su campamento tras la reunión con Olwë, enfurecido por la negativa de éste último. Le había hablado a su pueblo que nada ni nadie le detendría en su búsqueda de venganza y de recobrar los silmarils. Cruzar el Helcaraxe para llegar a la Tierra Media era lo mismo que abocarlos al desastre y la muerte. Necesitaban de los Barcos-cisne, eran la única opción. Fëanor rodeado por su pueblo como si fuera el ojo de un huracán, les habló con palabras encendidas, llenas de furia y odio. Pronunció nuevamente el juramento que ya hiciera a los pies de la estatua de su padre y desenvainando su espada prometió que aunque fuera él solo, conseguiría los navíos Teleri con la palabra o con la espada, no dejaría que ningún hermano Noldor tuviera que llegar a la Tierra Media por el frío estrecho del Norte. Dichas esas palabras marchó hacia Alqualondë espada en mano, y con un brillo asesino en su mirada. Todo su pueblo le acompañó.

Ilwyen, como almirante de la flota había decidido reforzar las guardias alrededor de Puerto-Cisne, pero no fue suficiente cuando vio venir a toda la hueste Noldor que asaltó el puerto en una furia descontrolada. Por suerte, pudo enviar a Sindriel a por refuerzos a Alqualondë, mientras los Teleri desde los barcos y los parapetos lanzaban sus flechas sobre sus hermanos. Las armaduras y escudos de Mithril paraban numerosas flechas y las espadas Noldor no eran rival para los ligeros arcos Teleri, pero la posición ventajosa y la desorganización Noldor, pues atacaban sin formación de combate estabilizó el frente.

Mientras la dársena sur era casi controlada por Fëanor y los suyos, la dársena central estaba bien defendido por Ilwien y sus arqueros Teleri. ¿que pasaría cuando se les acabaran las flechas? Pues, ¿que es un arquero cuando su carcaj se le ha vaciado? No es más que un muerto. Ilwyen rezaba a Ulmo para que Sindriel trajera rápidamente las tropas de refresco, sino tarde o temprano Puerto-Cisne caería.

Un movimiento inesperado por ambas partes rompió la línea del frente. Desde el Norte varios barcos-cisne surcaban la bahía hacía el Sur, comandadas por Sindriel, estos barcos, repletos de arqueros Teleri atacaron por el flanco a los Noldor, la lluvia de flechas oscureció el cielo por un momento. Muchos fueron los Noldor que cayeron para no levantarse nunca jamás. Ilwyen, quien era de los pocos Teleri que portaba espada, mandó avanzar para expulsar al invasor. Las flechas y las hojas de Alqualondë diezmaban al pueblo de Fëanor, que poco a poco se desorganizaban y marchaban en retirada, sin saber por que lado recibirían la siguiente flecha o espadazo.

Por su parte Fëanor y sus hijos conseguían hacerse fuerte a bordo de los barcos incautados al enemigo, protegiéndose de los ataques arrojadizos y conteniendo las espadas Teleri, éstas últimas habían recibido por fin los refuerzos desde tierra y ahora eran mucho más numerosos que el de los invasores. Pudiendo aislar al rey Noldor del resto de su pueblo que moría sin piedad ni cuartel y se hallaba totalmente desorganizado muchos huyendo en desbandada.

Ilwyen fue avanzando junto a sus guerreros, hasta casi expulsar por completo a los Noldor, solo Fëanor y los suyos aún estaban en Puerto-Cisne, defendiendo con uñas y dientes los barcos que habían apresado. Fëanor se encontraba junto a la pasarela de uno de estos navíos, movía su espada de diestra a siniestra en un barrido mortal en el que cualquier Teleri que intentara llegar hasta él era cortado en dos.

Pero la espada de Fëanor fue parada. El acero de Ilwyen se cruzó con el suyo. Fëanor no se asustó sino que sus ojos se llenaron de mayor ira, si es que eso era posible, levantó su espada y descargó hacia abajo el acero élfico hacía el rostro del almirante, quien pudo levantar su espada lo justo para que no le atravesara su casco plateado con forma de dragón marino. La fuerza con que fue golpeado hizo que clavara una de sus rodillas aguantando el ímpetu del Noldor, momento que aprovechó este para clavarle una patada con sus botas en el pecho a Ilwyen que fue empujado hacia atrás varios metros, apenas se había incorporado cuando la hoja Noldor buscaba su muerte, por suerte, fue más rápido y le clavó la espada en la pierna derecha al rey Fëanor interrumpiendo su ataque y permitiendo al Teleri que se levantara y se dispusiera a asestarle un golpe certero en el pecho mientras su rival caía de rodillas.

Nunca llegó ese golpe mortífero, un golpe que hubiera cambiado para siempre el destino del pueblo Noldor y que les hubiera ahorrado numerosos disgustos y penalidades en el futuro. Pero el telar del destino no pensaba tejer aquella historia. Los siete hijos de Fëanor, al ver a su padre herido en el suelo de rodillas, se lanzaron salvajemente hacia su enemigo, Maedhros paró el golpe de Ilwien, Curufin y Celegorn ayudaron a incorporarse a su padre, Mientras los otros cuatro lanzaron violentas estocadas contra el almirante Teleri que pudo evitarlas todas, una a una, con agilidad felina, hasta que la cuarta y última arrojada por Maglor le atravesó la armadura por la espalda. Ilwyen cayó al suelo con la espalda hacia arriba herido e indefenso mientras los siete hermanos alzaron sus espadas al unísono con intención de clavarlas al agresor de su padre.

Andaroth y Dal Gadren desde tierra y Sindriel desde los barcos-cisne ordenaron que las flechas surcaran el cielo una vez más y rezaron en silencio para que volaran lo más rápido posible para que llegaran a tiempo, antes que las hojas de los siete hermanos se clavaran en su amado almirante.
Nuevamente el cielo quedó oculto tras un tapiz de flechas, todas dispuestas a defender a Ilwyen, el almirante de la flota Teleri, primer consejero y mano derecha del gran rey Olwë de Alqualondë, señor de todos los Teleri de Arda. Algunas flechas cayeron en el mar, otras en los blancos muelles, pero, otras dieron en su blanco, no hubo hijo de Fëanor que no fuera herido en aquel ataque, para Ilwyen fue demasiado tarde, pues su sangre se derramaba por siete brechas más que albergaba en su espalda.

Así es como Ilwyen, almirante de la flota de barcos-cisne de Alqualondë fue muerto, con traición y cobardía, ejecutado por la espalda por los siete hijos de Fëanor, el hacedor de los Silmarils.

Tal fue el dolor y rabia que causó este vil asesinato que los arcos Teleri redoblaron su cadencia de tiro impactando sus flechas en la carne Noldor, como si ninguna muerte fuera suficiente para vengar la muerte del amado almirante muerto.

Los Noldor que quedaban en el campo de batalla eran pocos y Fëanor junto a sus hijos se refugiaban en un barco-cisne ante el acoso de las flechas de los defensores. Pero estos últimos no se esperaban un factor que acabaría decantando la victoria para los invasores.

Fingolfin, hermano de Fëanor, quien también se consideraba rey de los elfos Noldor, marchaba con el grueso de todos los elfos que habían abandonado Tirion, llegando a Alqualondë y viendo como era atacado su pueblo se dispuso al ataque. Los Noldor de Fëanor se recompusieron ante la llegada de refuerzos y entraron furiosos en los muelles, asestando mortales golpes con sus espadas, ahora mucho más numerosas que las de los Teleri, que con sus frágiles arcos no pudieron contener la oleada enemiga.

Al poco, Fëanor se reagrupaba con los suyos y junto a sus hijos y su hermano y sobrinos, mataron uno a uno a todos los Teleri que en el puerto se hallaban. No hubo piedad ni clemencia. La furia e ira incontrolada de los Noldor se cebó con su enemigo, como si ellos hubieran sido los que habían matado a Finwë, o robado los silmarils. El puerto se convirtió en una matanza inenarrable, en un auténtico baño de sangre del que muchos se avergonzarian tiempo después.

Muchos fueron los que murieron del bando de los invasores y ninguno quedó con vida de los que estuvo defendiendo los muelles. Al finalizar la batalla, los Noldor apresaron todos los barcos que se hallaban amarrados y su pueblo embarcó hacia la Tierra Media. No fueron suficientes para albergarlos a todos y muchos, La hueste de Fingolfin y Finarfin debieron cruzar el Helcaraxe a pie para llegar a la Tierra Media, Cabe decir que Finarfin casada con Eärwen, hija de Olwë, nunca llegó a entablar combate contra su suegro y que una vez tuvo conocimiento de tan infame hazaña, regresó a Tirion donde se convirtió en rey de los elfos Noldor de Arda.

Ante este horrible acto que fue el genocidio de los Teleri, los Valar hicieron un juramento donde maldijeron a la casa de Fëanor, y muchos fueran sus penurias y calamidades, tal y como se cuenta en el Silmarillion. No en vano, Ossë uno de los maiar que había enseñado su amor al mar a los Teleri se vengó provocando galernas y tempestades para que muchos barcos-cisne de los Noldor se hundieran en su travesía. Pero de lo que aconteció a Fëanor y a los suyos de aquí en adelante es otra historia.
5. Epilogo (El barco errante de Sindriel)

Aún en épocas muy avanzadas de la tercera edad, en los Puertos Grises se podía oír alguna arpa élfica que acompañaba a la voz que cantaba la leyenda del barco errante de Sindriel.

Narra la canción que Sindriel era una capitana de un barco-cisne Teleri de Alqualondë y que sobrevivió a la matanza que allí ocurrió a manos de sus hermanos Noldor. Pudo escapar con unas pocas naves que no cayeron en manos del enemigo pero no pudo evitar como su amado y almirante de la flota fuera asesinado con vileza y traición por los siete hijos de Fëanor.

Desde entonces surca los mares con su barco-cisne al que llamó Ilwyen, como su amado, ciega de ira y venganza asaltando todo barco que porta algún elfo Noldor, hasta que se hunda en las frías aguas. El mismo Nowë, tambien llamado Cirdan, asegura haberla visto y haber hablado con ella y afirma que nunca descansará en toda la eternidad para asegurarse que ningún Noldor vuelva a navegar o robar un barco-cisne.

 

Puto vietnam tete.

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El relato de hoy está ambientado en la guerra del Vietnam. Una temática por la que hacía tiempo quería escribir algo. De pequeño en los 80 habían numerosas películas de dicho conflicto, quizá ya hoy algo lejano en el tiempo y superado por los innumerables conflictos de los EEUU en Próximo Oriente y Asia Central. Pero es indudable que marcó a más de una generación. Con ustedes:

Regreso a Saigón

Veo escenas de una guerra en la televisión. No se cual es, no me acuerdo. Me miro y me veo postrado en la cama de un hospital, me recuerda al hospital en el que estuve en Saigón. No se donde estoy y que hago aquí, pero miro hacia arriba y veo un ventilador de pared que gira lentamente. Es como ver la palas del rotor del helicóptero de cuando estuve en el infierno, en el puto Vietnam.

El helicóptero baja al valle, cuando está a pocos metros del suelo, saltamos. Volvemos al puto valle de Ashau. Una locura al que el alto mando quiere que vayamos en busca de los charlies. Mis botas toman contacto con el suelo mojado y embarrado. Como siempre, la 101ª aerotransportada somos la carne de cañón en este rincón del que hasta hace poco no sabía ni que existía.

Nos movemos para alejarnos del helicóptero. No nos hemos alejado ni veinte metros que oímos los ruidos de los Ak-47. Ho chi minh no estaba esperando. Oigo un ruido brutal a mis espaldas, El pájaro ha caído. Putos Charlies. Una granada cae cerca de nosotros.

– ¡Sanitario! ¡Sanitario! Han herido a Gary. – grito lo más fuerte que puedo.

¡Malditos hijos de puta! Ahora se van a enterar. Mi M-16 atruena, me acompañan Kowalsky y Washington. Avanzamos por el arrozal, los disparos vienen por todas partes. Estamos bien jodidos.

Conseguimos reagruparnos, hemos formado un círculo y nos defendemos agazapados en el arrozal, disparando a todas partes. Hay charlies por todas partes. Bonita bienvenida a Ashau.

– ¡Aquí abeja 2 a panal! ¡Aquí abeja 2 a panal! ¡Apoyo aéreo!, ¡apoyo aéreo!- Oigo al radio intentando comunicar con el mando central.

Washington me grita al oído que el teniente McCollins ha muerto, ahora yo estoy al mando. Mando formar en cuña. Avanzaremos a sangre y fuego. ¡GO GO GO! Los M-16 escupen fuego sin parar, los malditos amarillos del Vietcong y del NVA empiezan a caer. Quizá algunos de nosotros podamos salir de este jodido infierno.

Un zumbido brutal surca los aires. Es nuestra aviación. El puto séptimo de caballería. A su paso dejan un reguero de bombas y napalm que asolan la posición… equivocada. Han arrasado una villa que hay más allá del arrozal. Malditos ineptos.

Por fortuna para nosotros, conseguimos escapar de la emboscada. Los amarillos comunistas dejan de dispararnos. Parece que se han refugiado en la jungla. Solo quedan dos pelotones de los cinco que habían desembarcado. Nos acercamos al pueblo. Está en llamas. Los pocos habitantes supervivientes vienen hacia nosotros, llorando y gritando, desesperados. Nosotros apuntando con nuestros fusiles les respondemos:

– ¡Ladai! ¡Ladai! (¡Fuera!, ¡Fuera!)

Una niña se acerca hasta Washington. No, Lleva una granada. Washington vuela por los aires, partes de su cuerpo caen sobre mi rostro. Le vuelo la tapa de los sesos a la niña. Solo fue la primera. No dejamos a ninguno con vida. Fue una matanza. Cada noche sueño con ellos, con esos fantasmas que me persiguen y no me dejan dormir.

– ¡Malditos Charlies! Joderos en vuestro infierno de arrozales y palmeras.

– ¡Mamá! ¡Mama! El abuelo vuelve a delirar y a hablar de cuando estuvo en la guerra.

Oigo la voz de una enfermera, me llama abuelo. No se quien es, debe ser nueva.

– Ya sabes Lucy que el abuelo no puede acordarse de las cosas.

Veo a otra enfermera, más mayor. Tampoco la conozco ¿Estaré aún en Saigón?

 

( A pesar de ser una historia bélica, este relato participa en un concurso cuya temática ha de estar relacionada con el alhzeimer)

El nexo de la carne

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Hoy cuelgo otro microrrelato, éste es de mi género preferido, el terror. Está muy en la línea de Clive Barker y Ramsey Campbell. Dos de mis autores favoritos del género.

El nexo de la carne

Habían raptado a su hija y no había otra opción que ir a la dirección que ponía en aquella escueta nota.

El lugar era una antigua fábrica metalúrgica abandonada y solitaria. La inmensidad, los escombros y la oscuridad hacían de ella un lugar tenebroso, Pero debía recuperar a su niñita.

Se hallaba en el centro de la lúgubre factoría sin saber que hacer. De entre las tinieblas, distinguió poco a poco unas sombras, siluetas humanas. Hieráticas, impasibles, indiferentes a sus gritos y llamadas.

Surgieron de entre las sombras y se acercaban a él, estrechando el círculo, se movían lentamente con la mirada seria y firme, clavándose en sus ojos como si fueran cuchillas.

El horror se adueñó de él, pero fue demasiado tarde, Ellos lo despedazaron. Muerto el vínculo de la carne, su hija se convirtió en divina y Ellos la obedecieron ciegamente, como habían ya hecho hasta entonces.